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A 42 kilómetros de la felicidad


Hace poco que ha salido este libro y desde mundopalabras me han enviado amablemente una copia de cortesía. Correr está de moda y son muchos los libros de Running que se publican, con diferente éxito. 

Este es un libro pequeño (130 págs), de lectura fácil, que reúne gran cantidad de consejos para afrontar una primera maratón. A los die-hard maratonianos consumados les aportará poco ya que la mayoría de los capítulos los conocerán, pero para el corredor que quiere dar el paso para enfrentarse a la distancia de Filípides puede ser de gran ayuda.

Cuando decidimos hacer nuestra primera maratón, buscamos información de forma obsesiva en artículos, blogs, amigos, etc., y no siempre obtenemos lo que queremos. Si no somos capaces de ordenar la información que recibimos acabaremos con más dudas que respuestas y llegaremos al día de la carrera sin saber cómo de largas deben ser las tiradas largas, cuándo hay que tomar geles, qué estrategia llevar en carrera, etc. De hecho después de nueve maratones yo sigo sin saberlo.

El autor del libro es José María Gallego, joven empresario que se estrenó en Maratón en Nueva York en 2012. Me dirás que la Maratón de Nueva York de 2012 no se realizó. Efectivamente, fue con todo preparado y al tener que cancelarse por el Huracán Sandy, José María fue uno de los que se apuntó al Maratón clandestino o pirata que se organizó en Central Park y que consistía en cuatro vueltas al parque. Buen comienzo. Después de esto ha corrido un par de maratones más, esta vez con dorsal.

Para mi gusto, el libro se excede con los consejos de autoayuda, pero esto es simplemente algo que choca con mi personalidad. Lo que a mí me parece excesivo a otros simplemente le parecerá poco. Yo es que soy más terrenal y el rollito "si crees puedes" no va conmigo. Yo soy más de los de "si entrenas como una bestia entonces puedes".

Si tienes decidido hacer tu primera maratón, este libro es un compendio de sabiduría atlética popular de forma organizada y te puede ayudar. Tiene tópicos y tiene información valiosa. No encontrarás planes de entrenamiento, eso tendrás que buscarlo en otros sitios, pero encontrarás luz que te orientará en el camino que quieres iniciar. 

Si estás dudando sobre hacer tu primera maratón, no lo dudes, es algo que te cambiará la vida para siempre, te hará mejor persona. No hay carrera como la Maratón, no hay distancia como esta. Recordaré hasta el día que me muera mi estreno en 2009, uno de los días más felices de mi vida. Si tienes dudas mi email está en mi perfil del blog, vamos.

Bienvenido sea cualquier libro que anime a alguien a ser maratoniano. A pesar de que en portada diga "tu primer maratón" y no "tu primera maratón" (para mí Maratón es siempre de género femenino como la ciudad, la carrera, la distancia), un amigo de la Maratón es amigo mío. 

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Frikadas y los nuevos chicos del ¡Puaff!

Antes que nada quiero agradecer al gran Isidro por inspirarme para escribir esta entrada. Su última frikada ha sido toda una fuente de inspiración. Este mundo runner está lleno de frikis y de tíos que encuentran divertido perderse por el monte poniendo un pie delante del otro durante horas. Llevo años viendo toda clase de frikadas en los blogs de corredores, pero he de admitir que Isidro ha alcanzado un nivel superior, ha sido capaz de escribir algo que eres incapaz de entender pero que te hace sonreir.

Como no sólo hay frikis en el mundo runner, el año pasado se organizó un maratón de visionado de capítulos de los Simpson. Se celebraba la emisión del capítulo 500 y algún descerebrado de la cadena FOX pensó que sería divertido que alguien viera los 500 capítulos seguidos de los Simpson y de paso dinamitar el anterior récord Guiness. 



Los ganadores fueron los dos tipos de arriba, Jeremiah Franco y Carin Shreve, que pasaron la friolera de 86 horas y 37 minutos viendo capítulos de los Simpson. Hay gente pa´to, hasta para ponerse a comparar tiempos medios de las bases de datos de corredores de la Maratón de Barcelona y la de Madrid en 2013 con complicados algoritmos. 

Estos dos tipos se embolsaron 10.500$ cada uno con lo que tampoco les salió tan mal la jugada. No sé si alguno de ellos es corredor habitual, si lo es seguro que no le habrá pasado desapercibido el capítulo "New Kids on the Blecch". Es el capítulo runner por excelencia de los Simpson, de la duodécima temporada, osea que los dos pollastres lo habrán visto cuando llevaban al menos dos días en el sillón. En España se llamó "Los nuevos chicos del Puaff!"


En este capítulo Homer decide correr la Maratón de Springfield, a la que también se unen el Señor Burns y Smithers. Bart también se apunta y acaba ganando la carrera, pero al estilo Rosie Ruiz, saliendo de unos matorrales. De hecho, Bart Simpson es el gurú de los recortadores a partir de este capítulo. No hay recortador que se precie que no admire a Bart Simpson.

Cuando se descubre la jugarreta de Bart Simpson, es atacado por una turba descontrolada y acaba salvado por un extraño que le ofrece entrar en una banda de Rock que debe su éxito a un aparato diseñado por la NASA para modificar voces, porque ninguno de los componentes sabe cantar. Otro día tranquilo en Springfield...

Y si crees que todo esto es una tontería debes saber que la Maratón de Springfield existe. Su primera edición es el próximo 20 de Octubre y tendrá 3.500 plazas. Si lo tuyo es recortar y no tienes aún maratón vista para Otoño, ¿qué mejor plan que correr la primera edición de la maratón de Springfield y hacerse unos buenos recortes a lo Bart Simpson?

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Rosie Ruiz, la reina recortadora


Los recortadores son esa subespecie runner que se caracteriza por recortar todos los metros posibles en carrera subiéndose a las aceras y trazando las tangentes al límite de los obstáculos físicos. Si no hay obstáculo que lo impida, como una pared o un edificio, el recortador elegirá siempre la línea recta. Los hay a cientos, en asfalto y en montaña, y se manifiestan de forma proporcional a lo controlada que esté la carrera. Si la carrera está bien controlada y tiene vallas, cintas, etc en los puntos clave, los recortadores lo pasarán mal. En cambio, si la carrera apenas tiene control en los puntos clave, los recortadores harán su agosto y reducirán sustancialmente los metros recorridos en su carrera, para en el mejor de los casos fardar de marca con sus amigos crédulos.

Yo soy de los que me enfada mucho que me pongan un chip en carrera y que luego en la clasificación no pongan tiempos netos sino brutos, es decir el tiempo en que se dió la salida sin descontarte el minuto que tardaste en pasar por el arco de salida. Esto es muy cutre y lo peor es que nos estamos acostumbrando a la cutrez de los organizadores.

Pero hay un detalle interesante en tener un chip encima cuando compites, se controla que todo el mundo pase por los puntos de control. Esto no siempre fue así. Los tramposillos los vemos en todas las carreras, desde el que recorta en las aceras hasta el que se da la vuelta entre matorrales antes del giro oficial. Pero la historia para mí más impactante dentro del mundo de los tramposos es la de Rosie Ruiz.

Haciendo válida la máxima de que cuanto más grande es la mentira más fácil es de creer, Rosie Ruiz fue la ganadora de la maratón de Boston en 1980. No había chips en esta época. La señorita Ruiz, de ascendencia cubana, se había clasificado para Boston haciendo 2:56:29 en la maratón de Nueva York y siendo la mujer número 11. En Abril, cinco meses después de la maratón de Nueva York, le mete un "recorte" de 25  minutos a su marca de maratón y gana en Boston con 2:31:56 haciendo además la tercera mejor marca femenina de la historia.

Cuentan que Bill Rodgers que fué ganador masculino, al hablar con ella se dió cuenta de que no tenía ni idea de ritmos, tiempos parciales, etc. Además, había llegado demasiado fresca y eso mosqueó a los organizadores. Tampoco tenía fenotipo de corredora, sus muslos eran algo gorditos. Cuando un periodista le preguntó por qué no parecía cansada, contestó "que se había levantado con mucha energía esa mañana". Además de tramposa no le funcionaba bien la cabeza.

En este caso sí era lo que parecía, un gran fraude. Dos estudiantes informaron que la habían visto saltar a correr 800 metros antes de la llegada en Boston. Y un periodista confirmaría que la había visto en el metro de Nueva York a mitad de carrera. Fue descalificada, obviamente. Dos años después fue arrestada por robar 60.000$ de una inmobiliaria donde trabajaba. Años más tarde fue arrestada de nuevo por tráfico de estupefacientes. Figura hasta el final.

Si eres de los que les va la marquitis y eres lo suficientemente viejo, siempre podrás decir que hiciste tal o cual marca en cualquier carrera de principios de los 90 donde no se conservan clasificaciones oficiales. Aunque no todos los recortadores son así de cutres, los hay que se suben a las aceras sólo porque el de delante lo hace y lo siguen.   

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¿Quieres perder la forma en tres días? Pregúntame cómo

"That´s me in the corner, that´s me in the spotlight, losing my religion"

Como seres obsesivos que somos, a los corredores nos obsesiona perder la forma. Los hay a los que incluso les obsesiona tener siempre un pico de forma, estar siempre en la cima. En cuanto estamos un par de días sin entrenar nos invade un sentimiento de culpa y creemos que hemos perdido todo el entrenamiento de las últimas semanas. Cuando tenemos algo que nos va a impedir correr tres o cuatro días, acumulamos entrenos seguidos los días previos como si eso sirviera para algo, como si dormir tres días seguidos compensara el sueño que vas a perder en un fin de semana de fiesta. Vale, yo soy así.

Hay muchas opiniones entre los que saben de esto, pero el consenso mayoritario parece indicar que uno empieza a perder la forma adquirida tras 10 o 15 días sin hacer nada o muy poco. Falso, totalmente falso, puedes perder la forma en sólo tres días, te lo digo yo. El error de estos estudios es que sólo tienen en cuenta la cantidad (cuantos días estás sin hacer nada), y no incluyen la calidad en el análisis (qué haces en esos 10 o 15 días además de no correr).

He querido probar en mis propias carnes si es posible perder la forma en tres días. Es época de experimentar cosas al estilo Timothy Ferriss ("El cuerpo perfecto en cuatro horas"), pero al revés. Si como dice Ferriss se puede adquirir un cuerpo perfecto entrenando cuatro horas a la semana, supongo que también se puede perder la forma en tres días jodiendo todo lo que has hecho en los meses de entreno anteriores.

Este ha sido el desarrollo del experimento:

Como sabía que iba a estar el fin de semana fuera de casa, acumulé entrenos los días previos de forma obsesiva e "inteligente". Al menos así podía cerrar la semana con los deberes hechos, aunque romper la secuencia entreno + descanso + entreno no sirva para casi nada. Así hice el lunes una buena sesión de fartlek, gimnasio el martes y un tempo run el miércoles. El Jueves debía haber salido pero fue imposible, demasiado cansado. Así que el Jueves se convirtió en el primer día con cero entrenamiento de la semana.

El Viernes, sábado y domingo lo pasé en un hotel de la zona turística de la isla en régimen de Todo Incluido. El Todo Incluido es mano de santo en lo que a joder la forma física se refiere. Comida y bebida a casi cualquier hora, donde por compesar el supuesto aumento del consumo reducen calidad de los alimentos. Acabas comiendo basura aunque no quieras. Y eso que intenté controlarme, de hecho no probé una gota de alcohol en tres días lo cual en un Todo Incluido ya es controlarse mucho. 

Pero aunque te intentes controlar, ir a un T.I. es como quedarse atrapado durante un fin de semana en la cocina de un McDonalds. Al principio piensas "mola, al menos no moriré de hambre", pero luego te das cuenta de que lo que comes es basura. Existe correlación directa entre lo chungo que sea el Todo Incluido y la pérdida del estado de forma. Este al que yo fuí era chungo, ideal para el experimento. No lo elegí a propósito, pero salió así. Dabas una vuelta al buffet con la idea de servirte algo sano y no encontrabas nada además de la lechuga y el tomate. Tenías que dar dos o tres vueltas más porque en la primera vuelta no sabías qué servirte que no te hiciera daño. Al final te das por vencido y acabas comiendo cualquier porquería.

Después de esta bacanal del fin de semana salí a correr el domingo por la noche. Trece kilómetros con un gran remordimiento de conciencia y deseando que ningún otro corredor anónimo me lo echara en cara. El ritmo absolutamente cochinero. Nunca existió mejor forma de definir un rodaje cochinero que el mío de ayer por la noche. Y no tanto por la cantidad (el ritmo) sino por la calidad (el sentimiento de verraco obeso del que corría). 

Se acabaron los experimentos por una temporada. Ahora ya sabes, si lo que deseas sobre todas las cosas es perder la forma, nada como pasar unos días en un Todo Incluido chungo, te lo digo yo. 

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No asistente a carreras con conciencia deportiva


Lo poco que sé de música clásica lo aprendí de Alex Ross. Columnista musical de The New Yorker, crítico de fama internacional, tiene un libro llamado "El ruido eterno" que es una auténtica delicatessen, un compendio de música clásica ameno y bien escrito. 

Estos días estoy leyendo su segundo libro "Escucha esto". Es una recopilación de ensayos y artículos que ha escrito donde salta con gracia de Mahler a Radiohead para volver a Beethoven y terminar en Nirvana. En uno de sus ensayos habla de ese tipo de persona que lee libros no comerciales, va al cine sólo a ver películas independientes, le apasiona la música indie y las nuevas tendencias de la música minimalista del siglo XXI...pero que nunca pisa un concierto de música clásica. Esa intelectualidad de calle no se traslada en asistencia a los conciertos clásicos. Conozco muchos así. Ross los llama "no asistentes a conciertos con conciencia cultural".

De igual manera, en nuestro deporte también existen los "no asistentes a carreras con conciencia deportiva". Son gente que vive el Running con pasión pero que nunca se apuntan a ninguna carrera, no les interesa. En el mejor de los casos podrás verlos en la San Silvestre de su ciudad, más por ser una fiesta que una carrera.

Tengo un vecino divorciado, que debe rondar los 50, que sale a correr todos los días. Lo ves saliendo a las cuatro de la tarde y a horas extrañas. Cada vez que lo veo y le digo "¿qué, a correr un ratillo?" se le pone cara de felicidad. Está en la Junta del edificio porque según dijo una vez "tengo tiempo, por la tarde lo único que hago es correr". Y nunca, nunca lo verás en ninguna carrera.

Conozco otra chica que trabaja en un cuerpo de seguridad del Estado. Cuando la ves corriendo es una auténtica gacela, ligera, elegante, su ritmo de ir tranquila debe estar sobre 4:45 min/km. En cualquier carrera destacaría en categoría femenina. Nunca, nunca la verás en ninguna carrera.

Otro caso que ya comenté en su momento es el de un chico que me encuentro constantemente en mi parque habitual, antiguo compañero de clases de inglés. Corre casi a diario y sólo lo verás en la San Silvestre, no le interesa nada más.

Por cada corredor que se apunta a carreras hay decenas de casos parecidos detrás. No dan el paso definitivo, el que les lleva a encontrar sus límites, el que les lleva a acabar picándose de forma anónima con un banquero*. Pero están ahí, en la frontera entre ser asistente o no asistente a carreras con conciencia deportiva. Es fácil que pasen al otro lado y que el veneno competitivo acabe sometiéndolos. 

* El famoso banquero de la Media Maratón del Puerto 2013 ha acabado por reconocerse en mi crónica. Era cuestión de tiempo, demasiados detalles sobre el momento exacto en que le di el hachazo y nuestra conexión laboral. Deberé vigilar mejor mi espalda, en la próxima irá a por mí. 

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Momento Suntory

- Para un momento relajado tenga un momento Suntory.
- ¡Corte! ¡Corte! ¡Corte! ¡Corte! ¿Podría hacerlo más lento y con más... intensidad?
- Un momento Suntory. Para un momento relajado tenga un momento Suntory.
- ¡Corte! ¡Corte! ¡Corte! ¡Corte!
(Lost in Translation - Sofia Coppola, 2003)
  

Ayer domingo pasé la mañana en un spa en vez de cumplir con la tirada larga semanal. Sin remordimientos. Como lo sabía con antelación pasé la tirada larga a las 9 de la noche del sábado, lo cual es ya un clásico cuando como yo no tienes el control de tu vida. Es un auténtico placer rodar a esa hora por las calles desiertas de la ciudad, escuchando música relajante, tropezándote únicamente con gente que pasea al perro o parejas de adolescentes que a tu paso hacen como si no estuvieran haciendo nada.

A pesar de estar en época de entreguerras, hay que cumplir con el entrenamiento y tuve que encadenar tres días seguidos, pero se cumplió, aunque llegara a casa a las 10:30 de la noche después de subir a 7 Palmas con nocturnidad. Recomiendo estas tiradas nocturnas, te sientes el dueño de todo lo que pisas, la ciudad es tuya.

Cargado como estaba de los tres días de entrenamiento seguido, se suponía que debía relajarme en el Spa. Este en particular era uno de esos donde vas pasando por salas diferentes de frío, calor o relajación. Según iba cambiando de sala  cada vez me iba agobiando más, aquello no me relajaba en absoluto, me ponía frenético, me daba sensación de estar atrapado. Las salas de relajación eran una auténtica estupidez, una sala llena de divanes con música de pajaritos donde se suponía que debías estar tumbado al menos quince minutos. Cuando llevaba tres minutos mirando hacia el techo y escuchando a los putos pajaritos ya no sabía que hacer, me iba poniendo más y más nervioso por momentos. Y así sala tras sala. Las de calor tenían cierto sentido, pero en líneas generales lejos de relajarme salí de allí más nervioso de lo que entré.

Quizás sea un bicho raro, demasiado curtido en el combate, pero he de admitir que me relaja más una sesión de fartlek que una hora en salas con música de pajaritos. Yo quiero a Van Halen en mi mp3 y que me dejen correr en libertad por caminos desconocidos, no quiero que me encierren y me digan ¡relájate!.

Por curiosidad he estado buscando en internet algo sobre "imposibilidad para relajarse" y he llegado a esta página de Illes Centros de Wellness. Curiosamente habla de nuestro querido amigo "sobreentrenamiento" al que sufrí duramente durante 40 días hace un par de años. Entre un montón de síntomas, dice esta página que si notamos "estado quejoso y fácilmente irritable, ansioso, depresivo, imposibilidad para relajarse, aburrido" que se lo digamos a nuestro entrenador. Tendré que buscarme a un entrenador para comentárselo.

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Días Extraños

El problema no es estar paranoico… sino si se está lo bastante paranoico. Vamos anímate… hoy se acaba el mundo! Hay que disfrutar minuto a minuto porque cualquier noche un cabrón puede ponerte un 42 en la cabeza y acabar con todo (Días Extraños. 1995, Kathryn Bigelow, guión de James Cameron)

Vivimos tiempos extraños, de eso no parece haber duda. Se te quitan las ganas de escuchar las noticias, a veces hasta de salir a la calle. Hay un ambiente que indica que algo va a ocurrir, señales inequívocas. Es ese frío silencio antes de la tormenta, donde el viento se para y se hace la calma justo minutos antes de la tempestad.

Y es que no hay dudas de que algo se está cociendo. Sólo veo señales de esto por todas partes. Tengo un amigo de esos de los que llaman "rapidillos", de los que quedan entre los 20-30 primeros en cualquier 10K o Media Maratón que está haciendo entrenamientos de montaña. Otro también dentro de la especie de "rapidillos", subespecie "bala", que hasta hace pocas semanas no había dejado nunca sus queridas carreras de 10K, que se plantea seriamente estos días dar el salto a la maratón!.

Y si esto no basta, hay otro que competía semana tras semana por tierra, mar y aire, que ha empezado a seleccionar objetivos y puede pasar hasta dos meses sin competir. Inquietante, muy inquietante. Y la cuadrilla diesel apuntándose a carreras extrañas como la de subir 21 plantas de un edificio mientras el cuerpo no para de generar lactato y el fallo muscular está próximo. ¿qué hace un "diesel" ahí?. Y hay más, otro se plantea meterse un "solo"-maratón-pirata en pleno verano. A este último es para encerrarlo.

Hay más, los hay que nunca han pasado de 40K en montaña y que estos últimos días ya se han apuntado a los 83 de la Transvulcania 2014, con un par. Nos gusta el riesgo. 

Ha sido oler el comienzo del verano y la gente ha empezado a hacer cosas extrañas. ¿nos estaremos volviendo un poco locos?. Dicen que la gente que hace cosas extrañas lo hace para llamar la atención, especialmente los niños. Los runners somos maestros en hacer cosas raras y locas, y sabemos que no lo hacemos para llamar la atención. Lo que se considera estúpido por los profanos es normal para el runner que realiza la estupidez. ¿Cuántas locuras hemos hecho a sabiendas de que lo eran?

Llega el verano y me temo que el grado de locura va a ir en aumento. Deseo que sólo sea una pequeña infidelidad y que cada uno vuelva luego al redil, con planes de entrenamiento, método y objetivos adaptados a las condiciones de cada uno. Mientras tanto, vamos a volvernos todos un poco locos.