La Paradoja del Bronce


Desde que leí el libro "La Paradoja del Bronce" de Manuel Conthe, tengo una irremediable tendencia a fijarme en las caras y gestos de los ganadores de las medallas en cualquier tipo de competición. De todos es sabido de siempre que en una competición de rondas (cuartos, semifinales, etc.) la medalla de bronce se gana y la de plata se pierde, ya que el resultado del último partido o competición es el que a la postre va a darte la medalla. Básicamente en este tipo de competiciones de eliminatorias (fútbol, baloncesto, etc), la plata se obtiene perdiendo el último partido y la de bronce se obtiene ganándolo. Es por ello que las medallas de bronce dejan un mejor sabor de boca, se ganan en el último partido.
¿Pero y en competiciones de muchos finalistas como el atletismo? ¿Ocurre lo mismo?. La paradoja del bronce fue enunciada científicamente por primera vez por Victoria Medvec, una economista americana de organización de empresas, que filmó a todos los ganadores de medallas en las Olimpiadas de Barcelona 92. De vuelta a Estados Unidos mostró las imágenes a sus alumnos sin desvelar el puesto que había ocupado cada uno. La opinión general fue totalmente concluyente: los deportistas con medalla de bronce parecían mucho más contentos que aquellos que habían ganado la plata.
Este y otros experimentos posteriores concluyen que nuestro nivel de satisfacción depende de "lo que creemos que podía haber ocurrido" y no ocurrió. Quien consigue una medalla de bronce suele mostrarse exhultante porque se compara con el cuarto y los otros que no consiguieron nada. En cambio, quien gana la plata tiende a compararse con el ganador y se queda con la miel en los labios. Digo "tiende" porque cuando la superioridad del ganador es aplastante, caso de Contador en el último tour de Francia, muchas veces el segundo se compara más con el tercero que con el inalcanzable primero.
Cuando un futurible es verosímil y fácil de imaginar, ejerce sobre nosotros una gran influencia. Así nos dolerá más cuando nuestro número de lotería no gana por un sólo número o cuando nuestro equipo pierde la liga en el último partido. La foto de arriba es de Tyson Gay con la medalla de plata en el mundial de Atletismo de Berlin de hace unos días, creo que su cara lo dice todo. Otro ejemplo claro son las lágrimas de Gemma Mengual recogiendo una medalla de plata en los mundiales de natación de Roma de hace unas semanas.
¿A que a partir de ahora las ceremonias de entrega de medallas son más divertidas?

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