Las subastas de arte contemporáneo y el Running


Admito que me apasiona el arte como negocio. Esa peculiar combinación de casa de subastas, marchantes, galeristas y artistas, todos con el único propósito de "cazar al zorro" que tiene la cartera a rebosar de billetes. Hoy en día los zorros están en China, Rusia, Dubai, etc. Las intrigas de este mundo tan pequeño son dignas de argumento de película.

El arte contemporáneo ha vivido como el Running una tremenda burbuja. Precios desorbitados que se multiplican en cuestión de poco tiempo. Algo no muy distinto de los precios de los dorsales y las carreras que completan sus cupos en horas. Sin embargo, en el mundo del arte la mayoría de las veces sólo gana uno, mientras que en las carreras la recompensa por correr está más democratizada. 

Reconozco que disfruto viendo las disputas entre millonarios por un cuadro. Esd algo que me pone. Las pujas suben, el ambiente se caldea. Eres Tobias Meyer (en la foto), el frontman de la subasta, "el vendedor del siglo" y con chulería dices "¿Quién me da 50 millones de euros?" . Cuando eres capaz de subirte a la tarima y hacer bromas con gente que va a pagar decenas de millones de euros por un cuadro eres el puto jefe, sin discusión. En la última subasta de la única copia en manos privadas de "El grito" de Munch, Tobias Meyer con sus gestos habituales se permitió la frivolidad de parar y decir "Tengo todo el tiempo del mundo". Imagina la tensión, millonarios dándose hostias por poseer "El grito" y este tipo para y dice que puede esperar. El puto jefe. La subasta acabaría coronando a Tobias Meyer como primer subastador de la historia que superaba los 100 millones de dólares.

¿Sabes ese momento de las carreras donde ves que tu mejor marca personal está a tiro y decides darlo todo? Piensas que hay que conseguirlo como sea, porque quizás no tengas más oportunidades similares. En las subastas pasa lo mismo, sólo hay un artículo y estos millonarios deben darlo todo para conseguirlo, quizás nunca más tengan otra oportunidad similar. Es morborso, ¿verdad?.

Cuando uno adquiere un artículo lo que realmente está adquiriendo es el servicio que ese artículo le presta. Si compras un taladro para hacer agujeros, lo que realmente quieres son los agujeros en la pared, no el taladro en si mismo. El mundo de las carreras es igual, cuando adquieres un dorsal estás comprando una experiencia global que va desde el momento que anuncias que te has inscrito, hasta los entrenos que publicas, la carrera en sí, las fotos, las crónicas en facebook, el decírselo a tu cuñado, a tus amistades, etc. Hay un cúmulo de experiencias que justifican el precio que pagas.

Algo muy habitual en el mundo del arte es que un galerista te venda un cuadro a mucho menos precio del que el mercado marca. Son irregularidades del mercado. Al galerista le interesa que la cotización para uno de los artistas que representa no baje, eso sería fatal para su negocio. Digamos que está en una feria de arte tipo ARCO y tiene un cuadro a la venta por 1.000.000€ para el que no tiene ofertas. Si encuentra a alguien interesado en comprarlo por la mitad, probablemente le ofrezca el cuadro por la mitad de precio pero firmando un contrato de confidencialidad en el que el comprador no puede publicar el precio pagado ni decírselo a nadie. Lo llevará a una esquina y le dirá "te lo vendo por la mitad pero no vas a poder decírselo a nadie". De esta forma se asegura que la cotización de su activo no disminuya.

Como decía antes, pagar por un dorsal no es sólo el hecho de correr en sí. El dorsal te impulsará a publicar fotos en facebook, a hacer la crónica si la haces, a decírselo a tus compañeros de trabajo, etc. No es el dorsal en sí sino el servicio que te presta. Cuanto más pagas por un dorsal, se supone que mayor servicio te presta. Pagas por correr la maratón de Nueva York no por el hecho de los 42,195 metros que los puedes hacer en tu casa, sino porque es una carrera icónica y selecta de la que vas a estar postureando un año.

Pongamos el caso de que quieres correr la Maratón de Nueva York. La Organización contacta contigo y te dice "mira, queremos petar la carrera, ya no se vende como antes. Si quieres un dorsal te lo damos por la mitad de precio (150€) pero a cambio no vas a poder decírselo a nadie, no podrías publicar ninguna foto y nadie puede saber que has corrido la Maratón de Nueva York". ¿Lo aceptarías? Probablemente el 99.9% de los corredores que conozco no aceptarían esta oferta y pagarían el doble pero con la libertad de poder publicar fotos y posturear. Interesante, ¿verdad?. ¿Qué es lo que compramos cuando compramos un dorsal?



Al final del día, los corredores somos clientes y consumidores y nos comportamos como tal. Las casas comerciales lo saben y sus expertos en Marketing nos retuercen hasta sacarnos todo el dinero posible porque con la compra de un dorsal o una camiseta molona de correr no estás comprando sólo eso, sino una experiencia global. Y si no que se lo digan a Tobias Meyer y a Usain Bolt arriba en la foto.   

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8 Comentarios:

  1. La mejor reflexión sobre maratón que he leido. Muy de acuerdo, el dorsal es una experiencia global, son una forma especial y única de vivir un cierto periodo del año. En mi caso duele leer estas cosas, se echa mucho de menos, no es solo correr, es cómo eres y estás esos meses. El estado natural del maratoniano es estar apuntado a un maratón, ya lo sabes.

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  2. Muy de acuerdo con la entrada, y también con RA... pienso que el futuro del negocio del atletismo pasa por la venta de esas experiencias completas, viaje+alojamiento+dorsal, si además de al corredor pueden enganchar a la familia o algún acompañante, de lujo...

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  3. Seamos sinceros, si nos ofrecen correr la maratón de NY por 150 €, aceptaríamos sin rechistar y después de la carrera lo contaríamos todo con pelos y señales. La picaresca española no tiene límites!

    Sobre el cuadro de "El grito", me decepcionó bastante cuando lo vi en el museo Munch de Oslo, me parece que está muy sobrevalorado. No deja de ser curioso además, que una obra de la que existen 4 copias haya llegado en una subasta a 119,9 millones de dólares. No quiero ni pensar el precio que se hubiera pagada si sólo existiese uno.

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  4. Es totalmente cierto, buscamos la experiencia, a mí Barcelona me salió tan cara como si hubiera pagado la inscripción, pero son oportunidades que no sabes si se volverán a presentar, como comprar un Munch.
    Por cierto yo si aceptaría lo del Maratón de New York, de hecho acepté hace unos años y nadie se ha enterado, jeje.

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  5. Genial artículo, . Si hubiese esa opción para todos entre pagar y contarlo o pagar menos y ceder al anonimato, me iría de cabeza a la segunda posibilidad en todas aquellasgrandes carreras que me gustaría algún día correr (NY no es una de ellas pero tampoco le haría ascos).

    Las fotos finales... grande, Sosaku.

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  6. Desafortunadamente no se me ha concedido el don de apreciar el arte pictórico aunque adoro el arquitectónico. Mi opción en caso de tener que elegir sería pagar menos y si no puedo publicar fotos compartiría la experiencia con mis amigos. Al final lo importante es la experiencia vivida

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  7. Yo he rechazado el ofrecimiento de un dorsal gratuíto a nombre de otro corredor porque no podría figurar en las clasificaciones del maratón con mi nombre. Y lo volvería a hacer.

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  8. Cuando compro un dorsal compro.
    Contar dónde correré, entrenarlo, sufrir entrenándolo, disfrutar entrenándolo, ir a la carrera, encontrar ( o no) a amigos, vivir el ambiente, correr, disfrutar, chocar manos, sacarme fotos, ver cómo me sacan fotos, buscar las fotos que me han sacado, contarlo por aquí y por allí....

    Pero aún así, hay productos caros y baratos, y no hablo del precio, sino de la calidad de los ítems de arriba que me ofrece esa experiencia.
    En eso consiste todo eso ¿no?

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